La energía trifásica de una bodega se mide en tres números, no en el aviso

Bodega industrial de energía trifásica con puertas de muelle y patio de maniobras en el Valle de Aburrá

Los avisos suelen decir “energía trifásica” y quedarse ahí. Un inmueble con 30 kVA y otro con 300 kVA comparten la misma frase, y entre esos dos números está la diferencia entre una bodega donde su línea de producción funciona y una que solo sirve para guardar bultos. Antes de firmar, compare la demanda real de su operación con tres cifras del inmueble: la capacidad certificada de la instalación, la capacidad del transformador o subestación, y la demanda máxima que revelan las facturas del inquilino anterior. Si las tres le cuadran, arriende tranquilo. Si una se queda corta, la ampliación se negocia en ese momento: convertida en obra, es un proyecto que exige diseño, certificación y trámites ante la comercializadora.

El aviso dice “energía trifásica” y no aclara nada

Trifásica significa que la acometida reparte la carga en tres fases: es el estándar para mover motores —puente grúa, compresores, hornos, inyectoras— con equilibrio entre circuitos y sin que los breakers salten a cada rato. Lo que la frase no dice es cuánta capacidad hay detrás, y eso es lo único que responde su pregunta.

Vale además la precisión técnica: kW no es lo mismo que kVA. Los motores y las cámaras de refrigeración consumen potencia reactiva, con factores de potencia que típicamente rondan 0.8. Una acometida de 100 kVA entrega unos 80 kW de trabajo real. Si usted suma los cabos de placa de sus equipos y los compara directo con el kVA del transformador, la cuenta nunca va a cuadrar: por eso la capacidad se define en el diseño eléctrico, con factores de simultaneidad, no en un cálculo rápido de parqueadero.

Los tres números que debe exigir antes de firmar

1. La capacidad certificada de la instalación. Pida el diseño eléctrico del inmueble y la constancia de conformidad RETIE de la instalación: allí figuran las cargas conectadas, los tableros y la capacidad de ampliación, si existe. Si el arrendador solo muestra un diagrama dibujado de memoria o fotos viejas del tablero, ese inmueble necesita la visita de un ingeniero electricista antes de que usted firme contrato.

2. La capacidad del transformador o de la subestación. En la placa se lee el kVA nominal. Pregunte si el transformador atiende solo su nave o a varios inquilinos del parque, qué carga tiene contratada cada quien y qué margen físico queda en la subestación: espacio para un transformador mayor o para celdas adicionales. Cuando el cuarto o las líneas están llenos, ampliar la energía deja de ser trámite y pasa a ser obra civil. En parques industriales, el mantenimiento de esos equipos comunes suele reflejarse en la cuota de administración, que conviene desglosar antes de firmar (la cuota de administración de una bodega).

3. La demanda máxima mensual en las facturas. Solicite las facturas de energía del inmueble de los últimos 6 a 12 meses. En la factura aparece la columna de demanda en kVA, y esa es la prueba más honesta del inmueble: no lo que promete el aviso, sino lo que alguien pagó de verdad. Si su operación incluye equipos que el inquilino anterior no tenía —cámaras de frío, una zona de empaque automatizada, cargadores de montacargas—, sume esa carga a esa demanda y vea dónde aterriza.

Del lado propio, lleve su lista: motores con su potencia, cámaras de refrigeración, hornos, cargadores, iluminación y oficinas. Un margen prudente sobre la demanda simultánea es la mejor vacuna contra el clásico “cuando estemos instalados vemos qué pasa”.

Si la capacidad no alcanza, ampliar es un proyecto

La ruta para ampliar potencia en un inmueble arrendado está definida: diseño eléctrico, obras sobre tableros y cableado, certificación del RETIE por un organismo de inspección acreditado, y gestión ante la comercializadora —EPM en el Valle de Aburrá— para la inspección y la energización. El marco normativo es el RETIE del Ministerio de Minas y Energía (Resolución 40117 de 2024, actualizada por la 40284 de 2026).

Los tiempos dependen del alcance. Si se trata de reacomodar tableros sobre un transformador con margen real, se mide en semanas. Si exige transformador nuevo, líneas en media tensión o una subestación distinta, hay obra civil y permisos municipales, y la conversación cambia de escala: en dinero y en meses. Cuando no pueda estimar el costo con certeza, estime el tiempo: cada semana sin energía suficiente es arriendo pagado por una bodega que todavía no puede operar.

La energía también se negocia en el contrato

Todo lo anterior solo sirve si usted lo lleva a la negociación, mientras tiene de qué apoyar la petición:

  • Autorización expresa del arrendador para obras de ampliación, con responsables del diseño, los materiales y la certificación por escrito.
  • Si el propietario financia la ampliación, defina cómo la recupera: ¿ajuste directo al canon o extensión del plazo? Esa decisión se toma en el papel, no en una conversación posterior.
  • El acta de entrega debe registrar la capacidad inicial y el estado de tableros, medidores y transformador, con fecha y fotos.
  • Si está comparando varias opciones, exija que la ficha técnica detalle la energía en cifras y no se quede en la etiqueta comercial (bodega clase A: la etiqueta no reemplaza la ficha técnica).

Con los tres números de cada inmueble sobre la misma mesa, la decisión deja de depender de la impresión de la visita. Si quiere comparar opciones que cuadren con la demanda de sus equipos, revise los inmuebles disponibles en Bodegas Magno o cuéntenos qué va a operar: lo llevamos a las naves que sí aguantan su operación.

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